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Escrito por Sonusan
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Alimentación en la edad avanzada

Alimentación en la edad avanzada

La edad avanzada o senil se ha establecido a partir de los sesenta años. No obstante, gracias a la mejora de la calidad de vida, esta edad ha aumentado hasta los sesenta y cinco años. Igualmente, la edad a la que se considere una persona en la vejez, se diferenciará según importantes factores genéticos, hábitos alimenticios, actividad física y nivel de estrés.

Cambios fisiológicos en la vejez

Con el proceso, se van a dar unos cambios que pueden dar lugar a otras afecciones. Por ejemplo, el cambio de músculo por grasa podrá aumentar el riesgo a enfermedad cardiovascular.

  • Aumento de la masa grasa total y disminución del tejido muscular (sarcopenia): En los ancianos se van reducir las necesidades calóricas y la actividad física, ya sea por aumento de dolores o por predisposición a lesiones. El metabolismo se verá disminuido al perder el músculo y parte de la estructura ósea. Si no se disminuye la ingesta calórica, a su vez, aumentará la producción y acumulo de tejido graso. Se acumulará en el tronco y aumentará a su vez la grasa visceral, relacionada con el desarrollo de diversas enfermedades.
  • Disminución de la masa ósea: Una vez se empieza la menopausia, en las mujeres se produce una acusada pérdida de masa ósea debido a la disminución de estrógenos (hormonas encargadas de mantener estas estructuras). En los varones la pérdida va a ser menor y se inicia más tarde. Las consecuencias de la osteopenia y de la osteoporosis, implican un riesgo aumentado de fracturas que puede disminuir la capacidad funcional del anciano y, con ello, disminución de la actividad física.
  • Disminución del agua corporal total: En las personas mayores, la sensación de sed disminuye. Se debe puntualizar y recordar a la persona mayor la hidratación frecuente, ya sea a través de alimentación o de líquidos. Igualmente, su porcentaje de agua corporal será menor que el del adulto sano (en el cual era de un 60%). Esto es debido al aumento de masa grasa y pérdida de músculo.
  • Disminución de las necesidades calóricas: La disminución progresiva del ejercicio y la actividad física y la disminución de la masa magra, hace que la necesidad de ingesta calórica también disminuya, por disminución del mismo metabolismo anteriormente dicho.

Recomendaciones nutricionales en la vejez

Cuanto más mayor es la persona, más tendrá que hacerse hincapié en aportar mayor cantidad en vitaminas y minerales. Igualmente, establecer unos requerimientos es más complicado ya que variará en cada individuo según su capacidad para ingerir, digerir, absorber y asimilar los nutrientes. De forma general, los principios inmediatos se repartirán de manera similar a las del adulto sano:

En proteínas, las necesidades diarias se establecen entre 0.8-1g/Kg de peso corporal. En las personas con poco apetito, será especialmente importante que estas proteínas sean de alta calidad biológica. Incluso puede aumentarse la cantidad de proteína en su ingesta ya que necesitaremos más para poder mantener la musculatura.

Para las grasas, no debe aportarse más del 35% de la energía diaria. Debe ser sólo de un 7-10% de ácidos grasos saturados y el resto poli y monoinsaturados.

Para los hidratos de carbono, es importante que sean complejos y deben aportar alrededor del 50% del valor calórico global. Se evitarán los productos con azúcares simples (cereales de desayuno industriales, mermeladas industriales, bollería, etc.)

Para el agua, se recomienda beber entre comidas, regularmente, aunque no se sienta la sensación de sed.

Cómo orientar la alimentación

Se debe aportar una gran cantidad de hortalizas y verduras, tanto en comida como en cena. Así mismo, se debe cumplir con la ingesta mínima de fibra de, al menos, 25 gr diarios.

El calcio debe ser aportado a partir de verduras de hoja verde, lácteos y pescados. Al haber una disminución de masa ósea, se tendrá que aumentar su aporte. La vitamina D de pescados azules, alimentos fortificados y yema de huevo, y rayos UVB del sol también será importante para mantener la masa ósea.

Es recomendable el consumo de pescado, ya sea pescado azul (1 ó 2 veces por semana) para aportar los acidos grasos esenciales, como de pescado blanco (3-4 raciones por semana).

Las legumbres van a aportar importantes proteínas, es por eso que será fundamental colocarlos al menos 2 veces por semana.

La hidratación adecuada podrá darse a base de frutas o gelatinas. Entre comidas se tendrá que beber agua.

Se debe limitar los platos fritos y rebozados ya que aportarán demasiadas calorías en poca cantidad. Además, pueden complicar algunas digestiones. Las mejores técnicas de cocinado son a la plancha, al vapor, cocciones suaves, bajas en grasas y , sobre todo, bajas en sal.

Ferrumin

Se tendrán en cuenta reducir las carnes rojas y vísceras para disminuir el aporte de colesterol. Hay que recordar que la aterosclerosis ya es casi fisiológica en esta edad debido al endurecimiento de las arterias. Hay que intentar disminuir los factores de riesgo a enfermedades coronarias. También, se recomienda reducir los embutidos (sobre todo los muy grasos como chorizos). Se puede aumentar las grasas saludables de aceite de oliva, aguacate, frutos secos, pero sin pasarnos demasiado en calorías.

Estos puntos anteriormente nombrados suelen ser los más importantes, y los que más suscitan a error frecuentemente a la hora de llevar a cabo la alimentación en la edad senil. Según el individuo, tendrá que escoger preparados más fáciles para la masticación o para la digestión. Así mismo es recomendable evitar el tabaco, que contribuiría también a aterosclerosis, y reducir al máximo la ingesta de alcohol.